Decálogo ético del traductor
1. Conservar la dignidad y el decoro de la profesión: no pedir ni aceptar trabajo en condiciones denigrantes para el traductor en términos de tiempo, ambiente laboral y dinero. Oponerse a todo aquello que demerite el honor o a la fama (el buen nombre) del traductor.
2. El principio de honradez con los clientes.
- Requerir remuneración o beneficios proporcionales a su trabajo, sin aprovecharse de la necesidad, ignorancia o inexperiencia del cliente.
- Cobrar gastos o expensas razonables.
- No retener o demorar injustificadamente documentos suministrados para la traducción o la realización de dicho trabajo.
- Otorgar recibos de pago de honorarios o de gastos, cuando le sean solicitados.
- Demostrar transparencia en el trabajo y en la tarifa.
- Abstenerse de aceptar una traducción por la cual no pueda responder adecuadamente.
- No aceptar traducciones con las cuales puedan presentarse conflictos de intereses.
- No realizar directamente o por interpuesta persona, o en cualquier forma, gestiones encaminadas a desplazar o a sustituir a un colega en asunto profesional del que éste se haya encargado, u ofrecer o prestar sus servicios a menor precio para impedir que se confiera el encargo a otro traductor.
- No propiciar la elusión o el retardo del pago de los honorarios debidos a un colega.
- Respetar los parámetros o criterios de fijación de tarifas sugeridos por las asociaciones de traductores y no aplicar tarifas que estimulen la competencia desleal.
- Guardar la confidencialidad de proyectos originales o documentos suministrados para la traducción.
- No aprovechar la información confidencial contenida en los documentos de la traducción para uso personal o de terceros.
6. Defender los derechos de autor del traductor conforme a las normas vigentes.
- Como autor derivado, el traductor está sujeto a las obligaciones especiales hacia el autor de la obra original.
- Como autor derivado está obligado a obtener del autor de la obra original o del usuario la autorización de traducción de esa obra.
- El traductor está obligado a realizar una traducción de alta calidad desde el punto de vista de la lengua y del estilo y a garantizar que la traducción sea fiel al original. La fidelidad no excluye la adaptación necesaria para dar la forma, la atmósfera, y el significado pretendido de la obra en otra lengua y en otro país.
- Con el fin de garantizar la calidad de la traducción, los traductores exigirán un plazo razonable para la ejecución de su labor y disponer de documentos e información necesarios para la comprensión del texto o enunciado que se ha de traducir.
- Como contraparte de un acuerdo de servicios, el traductor debe cumplir con los términos del mismo, es decir cumplir con las tarifas, el plazo y las condiciones de presentación convenidos.
- Por regla general, la traducción debe hacerse a partir del original, recurriéndose a una traducción puente solamente en caso de que sea absolutamente necesario.
- El traductor debe traducir, preferentemente, a su lengua materna o principal o a un idioma que domine como su lengua materna o principal.
- El traductor debe actualizarse con respecto a la introducción de nuevos términos, reglas de terminología, académicos, etc. para asegurar la competencia lingüística y en otros campos.
9. Principio de libertad
- Libertad de aceptar el cliente y el tema de traducción.
- Negarse a dar al texto una interpretación impuesta que el traductor no aprueba.
- Observar buenas relaciones de confraternidad y solidaridad profesionales.
- Evitar la competencia desleal.
- Prestar ayuda en caso de dificultad profesional.
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