Traducción profesional: el contrato de traducción
Una vez que hemos aceptado un trabajo de traducción es conveniente recoger en un contrato tipo los acuerdos a los que hemos llegado con el cliente y que deben ser aceptadas por el mismo. En dicho contrato deberán figurar:
- Nombre de los contratantes: debemos hacer constar tanto nuestro nombre como el del cliente, sea este empresa, persona física o cualquier otra forma jurídica.
- Lenguas de trabajo: la lengua de origen del texto, así como la lengua de llegada indicada por el cliente.
- Plazo de entrega: momento acordado para la finalización y entrega del trabajo.
- Tarifas: la tarifa acordada con el cliente. Si existe algún dato excepcional (por ejemplo una oferta o descuento) también es bueno recogerlo en este apartado.
- Plazos y formas de pago: en cuanto a los plazos, debemos dejar constancia de la forma en que el pago debe ser efectuado. Si éste se efectuará en varios plazos, es conveniente consignar en el contrato las fechas en que tendrán lugar. Igualmente debemos reseñar las medidas o recargos que se producirán si el pago no se produce en la fecha pactada. En cuanto a las forma de pago, consignar la pactada: transferencia, talón, pago en mano, etc.
- Presentación: modo y formato en que se entregará el trabajo a su término. Por ejemplo: por duplicado, en formato electrónico, impreso, etc.
- Confidencialidad: señalar, si fuera necesario, el compromiso a guardar discreción sobre todos los documentos e informaciones.
- Derechos del traductor sobre la obra traducida: señalar los derechos a los que se haya llegado con el cliente sobre la obra traducida. Por ejemplo, si por la obra del traductor se derivan derechos de autor o derechos protegidos, en propiedad de quién quedarán.
- Mención de la instancia de arbitraje a la que recurriremos en caso de que se diese conflicto entre las partes.
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